Unidad europea frente a las amenazas exteriores
Artículo de Opinión de José Luis Méndez Romeu, analista político, ex conselleiro y ex secretario de Estado de Cooperación Territorial
El Concepto Estratégico aprobado en la cumbre de la OTAN que ha tenido lugar en Madrid el pasado mes de junio así como la Brújula Estratégica para la Seguridad y la Defensa aprobada por el Consejo Europeo en marzo pasado, definen una nueva política europea para hacer frente a las amenazas actuales, multiplicadas tras la primera invasión en suelo europeo desde la Segunda Guerra Mundial.
El compromiso de las naciones aliadas en la doble estructura de la OTAN y de la UE, es también un compromiso con la democracia, como se expresa reiteradamente en los documentos y con la defensa de un sistema de bienestar que ha conseguido el mayor período histórico de paz en el continente. La invasión de Ucrania y la mortífera guerra que allí se libra en defensa de la libertad ha venido a recordarnos que la fortaleza de nuestras convicciones se acompaña de la fragilidad de la convivencia.
Si vis pacem para bellum, el adagio romano, sigue siendo vigente. Para disuadir a los potenciales agresores es necesario un nivel muy elevado de capacidades de respuesta. En el documento de la OTAN se hace recuento, incluidas las armas nucleares de Estados Unidos desplegadas en Europa así como los arsenales de Reino Unido y Francia. Más aún, en los próximos años, de acuerdo con el análisis efectuado, será necesario incrementar el nivel de gasto en equipamiento estrictamente militar pero también en desarrollos tecnológicos, en ciberseguridad y en la prevención de otras amenazas.
El concepto de seguridad global obliga a tomar en cuenta desde las amenazas derivadas del cambio climático y los fenómenos meteorológicos especialmente destructivos hasta el terrorismo que ha conseguido infiltrarse y consolidarse en varios países africanos, aumentando la inestabilidad de la zona y acercando a Europa conflictos de distinto orden. También la inmigración irregular espoleada por la miseria o los conflictos internos de los países de origen reclama una atención más compleja que la mera delegación de responsabilidades en las autoridades locales como ha sido habitual hasta la fecha.
Entre las medidas que deberán ser adoptadas por los Gobiernos debemos incluir la formación de los ciudadanos en una cultura de la defensa y la seguridad más eficaz. Comprender los riesgos, valorar la capacidad de respuesta, asumir los costes de la prevención, contribuirá a cohesionar nuestras sociedades en torno a la defensa de nuestra sociedad. No estamos asediados, sólo amenazados. Las dos reuniones internacionales ya citadas han reforzado la voluntad de hacer frente democráticamente pero con toda la firmeza necesaria a cualquier intento de atacar o socavar lo que tanto tiempo ha llevado construir.
No olvidemos que tanto la OTAN como la UE nacieron con la voluntad explícita de evitar otra guerra en suelo europeo. Desgraciadamente lo que durante tantos años parecía logrado, ahora está puesto en cuestión. Los dirigentes europeos y sus aliados de América del Norte han expresado de forma inequívoca y en nombre de todos, la voluntad de no permitirlo. Las instituciones locales, en el ámbito de sus competencias deben contribuir a divulgar y apoyar las citadas estrategias.