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Tiempos modernos

Tiempos modernos

Artículo de opinión de Carmen López, abogada y ex presidenta de AJE Galicia

El futuro llegará tarde o temprano, esta parece ser la otra sentencia que dictó entre líneas el juez de Las Palmas de Gran Canaria que firmó la que saltó a los titulares hace escasas semanas: “Declarado improcedente el despido de una trabajadora sustituida por un robot.”
La primera sentencia de las muchas que vendrán, porque sobre este tema, quedan horas de reflexión y mucha tinta por estampar en otras resoluciones que confirmarán o contradirán la que da pie a esta opinión. Y es que aunque, en parte por razones técnicas, la resolución judicial inclina la balanza en favor de los derechos laborales adquiridos por la demandante, el mensaje que desliza es tan contundente como obvio, la revolución del mercado de trabajo y el “despido tecnológico” ya forman parte del presente.
Pertenezco a ese grupo de nostálgicas que se resiste siempre que puede a ser atendida por una máquina, hasta el punto de cambiar de entidad bancaria si es preciso para mantener ese contacto humano en vías de extinción, las máquinas pueden ser perfectas en la ejecución, pero difícilmente alcanzarán la grandeza de la imperfección humana.
Pero nostalgia e ilusión no son lo mismo, por eso soy plenamente consciente de que de la misma forma que los artesanos ingleses no consiguieron frenar la llegada de los telares industriales introducidos durante la Revolución Industrial, tampoco una resolución judicial (o millones de ellas) declarando la improcedencia de la sustitución de empleados por bots o robots podría detener la que ya se presenta como la gran transformación del mercado laboral.
Bots que pueden hacer el trabajo más rápido, sin límite de horas, sin descansos, sin derechos laborales, sin cotizaciones, sin bajas médicas ni derechos sindicales. Y sí, sin humanidad, pero desgraciadamente esta no siempre cotiza al alza.
El reto ya está encima de la mesa como lo está el debate jurídico, económico y también humano. La gran mayoría de los economistas coinciden en vaticinar que aunque muchos empleos serán destruidos también serán creados otros que ahora mismo no somos capaces de imaginar, pero mientras esto no se confirma la transición puede llegar a ser dramática: ¿Tendrá el sistema la capacidad y agilidad suficientes para reciclar a todos esos trabajadores que se verán expulsados del mercado de trabajo más pronto que tarde? ¿Estamos preparados para "digerir" y gestionar el impacto social de un panorama que ya es absolutamente inevitable? Y si finalmente las empresas no requiriesen tantos empleados… ¿Llegaremos a ver la implantación de una renta básica como mecanismo para mantener los niveles de consumo necesarios para la sostenibilidad del mundo que conocemos?
En los albores del año 20 del siglo XXI, urge trabajar el pensamiento crítico, la capacidad para la resolución de problemas, las habilidades no formales y la creatividad, en definitiva, todo aquello que nos hace humanos por encima de todo y en lo que, a priori, siempre seremos superiores a las máquinas. Visto así, puede que al final lo que los bots consigan sea hacernos más personas. En fin... Tiempos modernos.