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Seamos competitivos

Seamos competitivos

Artículo de opinión del Profesor de la Universidad Pontificia de Madrid, Abel Veiga Copo, sobre la competitividad de las regiones

Competitividad es sinónimo de concurrencia, cum currere, competir, acudir al mercado. Término que no puede reconducirse única y exclusivamente a nociones económicas, también lo son o deben serlo, axiológicas. Los valores, el bienestar, en suma, el ciudadano. Pues sin éste todo lo demás es simplemente vacuo o estéril. Somos verdaderamente competitivos? Cómo percibe la Unión Europea la competitividad de nuestras regiones? La dimensión que interesa a ésta es la de consolidar y ofrecer un entorno amigable, atractivo, dinámico a las empresas para su radicación, para el desarrollo de sus actividades e interacción, y lógicamente a las personas, a los ciudadanos que viven de ellas, alrededor de ellas o con ellas. Pero crear ese entorno dinámico, inteligente y atractivo, que sea imán o referente en cuanto polo de atracción exige múltiples esfuerzos públicos y privados. Exige iniciativa, exige criterio, planeación, un proyecto con unos fines claros, pero también lo suficientemente flexibles para adaptarse a las circunstancias cambiantes. Exige liderazgo y mucho impulso público administrativo amén de financiación.
Hoy la competitividad aplicado a las empresas como quehacer relevante y nuclear exige talento, desarrollo, creatividad y mucha innovación. Máxime en los aledaños mismos de una revolución industrial y digital en la que estamos inmersos y donde esa innovación, esa robotización en los procesos, esa digitalización y transferencia de conocimiento, de datos es la columna vertebral. Todo está cambiando a velocidad de vértigo a veces solo las personas no somos conscientes de esa ola, ese tsunami colosal que ya está aquí y está cambiando radicalmente la fisonomía de las fábricas. Estas ya no son ni serán lo que fueron antaño. Como también las cualificaciones de los trabajadores. Cuanto más tardemos en tender esos puentes de tránsito mayor será la brecha entre las regiones de Europa. Y menor o peor el entorno, la huida de talento humano, de procesos de fabricación / ensamblaje pero sobre todo, y esta es una clave, la de la creación de valor, agregación de alto valor en cada proceso.
Sí vivimos entre datos, entre big data, y nos interesa lo macro más que lo micro, las referencias y los titulares de prensa. Pero el magma es otro. Una lava donde el capital humano, el conocimiento, la calidad de vida son bisagra y aleación inescindible, pero donde la implantación de líneas políticas y acciones políticas condicio sine qua non. Tener una agenda de competitividad, tener una agenda y un marco industrial significa dos cosas, saber hacia donde se quiere ir, y tener la determinación de llegar ahí. Atraer empresas, un ecosistema diversificado pero sin pretender amalgamar y aherrojar sectores inconexos, generar investigación, innovar, patentar, desarrollar exige aprovechar los recursos al máximo, exigir a universidades, centros tecnológicos, centros de investigación, clusters, empresas un esfuerzo y un reto titánicos. De nada sirve si al tiempo, ese entorno pierde su naturaleza y esencia humana. Sanidad, bienestar, ocio, transporte, educación, entorno natural son el reclamo, el pilar igualmente para la permanencia, el desarrollo de la persona, del trabajador.
¿Qué posición tiene Galicia en este ámbito? A qué nivel nos encontramos en términos de innovación, transporte, infraestructuras digitales, sanidad, etc? Qué espacios geográficos son los más idóneos para desarrollar, impulsar y convertirse en motor dinamizador de esta deseable competitividad? Debemos priorizar para despegar y luego consolidar? Valen todos los ejes? O la brecha entre lo interior y lo exterior, la Galicia interior y la atlántica deben seguir marcando sus distancias? La competitividad no solo es un reclamo mercantil, es un estímulo de desarrollo humano, pero que necesita mimbres de conocimiento, de desarrollo personal, de perfeccionamiento empresarial y tecnológico, de sanidad, de infraestructuras, de transporte, de innovación en suma. También exige políticas laborales y de mercado laboral dinámicas, generadores de desarrollo, de nuevos esquemas de producción. De lo contrario seguiremos estando atrapados en la frialdad de una estadística no muy halagüeña.