Qué miran en Portugal
Artículo de Opinión de Lois Caeiro, periodista. Artículo publicado originalmente en el Diario de Pontevedra.
¿Qué sucede en Portugal o qué les ocurre a los españoles para que periódicos con posicionamientos muy diferentes coincidan en editorializar sobre el país vecino? No le diría a usted que se trate de una enmienda a la tradicional desatención informativa, también gallega, a lo que sucede en Portugal. Más bien se instrumentaliza por unos, se mandan mensajes o lecciones con la actualidad política portuguesa a la revuelta política española o, también, se analiza sin segundas intenciones, para corregir o actuar aquí.
Fíjese usted cómo anda la situación en España que la presidenta de un parlamento autonómico anunció una huelga o cierre parlamentario para desoír un mandato judicial. Es la elevación al absurdo o al ridículo del esperpento del independentismo catalán. O, dedíquele usted un minuto, el espectáculo de la votación en el Congreso de la reforma laboral de Yolanda Díaz. Cuando se cuestiona la limpieza de la actuación del poder legislativo deberían activarse las alarmas todas. Porque aquí, entre unos y otros, se puso en cuestión la legitimidad del Gobierno de Pedro Sánchez, del poder ejecutivo; se cuestiona el poder judicial, desde Podemos al independentismo y a quienes impiden la renovación de los órganos judiciales y, ahora, se cuestiona el juego limpio en el Congreso de los Diputados. ¿Quién toca las campanas a muerto por Montesquieu y la separación de poderes en democracia?
Vamos con Portugal, que es lo que le anunciaba. Hay unas primeras explicaciones para esas miradas sobre las elecciones y la política portuguesa: la mayoría absoluta que obtuvo el primer ministro, el socialista António Costa, el pasado día 30, llega cuando la fragmentación del electorado y el final de las mayorías absolutas se había convertido en dogma para analistas y opinadores. Y las elecciones las desencadena la retirada por la izquierda de los apoyos al socialista Costa: bloquearon la aprobación de los presupuestos para 2022. La convocatoria electoral fue la consecuencia. Supuso los peores resultados para quienes -PCP y Bloco de Esquerda- le echaron el pulso al socialista. Costa no cedió a las exigencias desde su izquierda. Ya lo había hecho anteriormente con otras presiones en forma de ultimátum.
Las "geringonças" de la derecha
Le avanzo otros factores para atraer la atención desde España, además del jarro de agua fría que recibieron en las urnas los comunistas y el Bloco de Esquerda. Público de este mismo fin de semana diagnostica que la mayoría absoluta del socialista Costa fue como "castigo" del electorado de izquierda a los comunistas y a los rupturistas del Bloco, "por terem chumbado o Orçamento do Estado para 2020". Es la conclusión de varios politólogos. Y en estos análisis que le cito a usted aparecen, señor director, otros factores para ser considerados por quienes marcan la estrategia de la derecha española de Pablo Casado. A favor del socialista Costa en las urnas funcionó la hipótesis de una versión de la "geringonça" por la derecha. La extrema derecha subió. La coalición o el pacto de las derechas -la "geringonça"- la lanzó en el final de campaña Rui Rio, el candidato del centro derecha (PSD) que en los sondeos preelectorales aparecía igualado e incluso, en algunos, por encima del socialista. La multiplicación de encuestas, como está sucediendo ahora mismo en España, que auguraban el éxito de la derecha ayudaron a lo contrario, a precipitar su derrota y que un Rui Rio que se veía como primer ministro anuncie ahora su retirada, tras el fracaso electoral.
Escribir las vidas paralelas de Pedro Sánchez y el líder socialista portugués es un recurso cómodo para la crítica
Tres elementos, por tanto, a contemplar: "castigo" a quienes dificultan el gobierno por la izquierda, rechazo a las coaliciones "amplias" de gobiernos frankenstein en versión de la derecha y el efecto negativo de la multiplicación de sondeos, y su publicación, cuando anticipan un hipotético éxito que acaba por desencadenar una movilización de rechazo. De todo esto hay, o eso parece, en el actual escenario político español. Los apoyos que posibilitaron la investidura de Sánchez castigaron la reforma laboral de Yolanda Díaz: le echaron un pulso al Gobierno y enviaron a la opinión pública un mensaje de debilidad. El PP de Casado se muestra abierto a "geringonças" por la derecha, ya veremos qué sucede en Castilla y León, y la publicación semanal de encuestas, algunas de más que dudosa fiabilidad técnica, anuncian la inminente llegada del líder de la derecha a La Moncloa .
Trayectorias
António Costa, en cuanto a apoyos parlamentarios se refiere, no estaba en Portugal en una situación muy diferente a la de Pedro Sánchez en España. La "geringonça" portuguesa -el pacto con comunistas y bloque de izquierdas- que llevó al PS al poder era el ejemplo al que acudían quienes en España combatían la demonización del "gobierno frankenstein" de Sánchez con Podemos y apoyos parlamentarios como los de Bildu.
Habría matices e incluso algunas líneas de fondo para diferenciar en la trayectoria de Costa y Sánchez al frente de sus respectivos gobiernos en minoría y con apoyos por la izquierda. Más de un columnista español recurrió a las vidas paralelas, en las respectivas posiciones ideológicas y ejecutivas. Un recurso para en el ensalzamiento del portugués desprestigiar al español. Es cierto que Costa resistió e incluso desafió más de un pulso que le plantearon por su izquierda, sobre todo en la última legislatura. La convocatoria anticipada de elecciones es una muestra de su firmeza frente a comunistas y rupturistas por la izquierda. Fue, con todas las distancias que se quiera, lo que hizo Mario Soares frente a los riesgos dictatoriales que amenazó la revolución de los claveles.
El recorrido político y de gestión, y si usted no lo considera una maldad diría que también de formación, del líder socialista portugués ensombrece a Sánchez. Pero en una comparativa de liderazgos políticos entre España y Portugal, no sería este el único caso. Ahí tiene usted a un portugués como secretario general de Naciones Unidas.
Y, en un plano ideológico, hay quien ve en esta mayoría absoluta de Costa un nuevo centro político que asuma desde la moderación reformas fundamentales pendientes. Por cierto, la justicia aparece como una reforma pendiente. "Há a sensaçao na sociedade de que existe a justiça dos ricos, dos poderosos e despois há a do resto", dice el sociólogo António Barreto. El jurista José Conde Rodrigues ve en Expresso ese centro como posibilidad. Será real o no si se cumple el compromiso de António Costa de hacer atractiva la mayoría absoluta, de que no haya concesiones a los excesos autoritarios y de imposición que posibilitan, como recordará usted que vimos en España, las mayorías absolutas.