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Las elecciones italianas cambiarán los equilibrios europeos

Las elecciones italianas cambiarán los equilibrios europeos

Artículo de opinión de José Luís Méndez Romeu, analista político, ex conselleiro y ex secretario de Estado de Cooperación Territorial, publicado en Mundiario

La victoria de una coalición de partidos derechistas en Italia sigue a la reciente de Suecia y podría estar anunciando un cambio de ciclo. Si bien las elecciones nacionales fundamentan sus resultados principalmente en los problemas que en ese momento son prioritarios para los ciudadanos o en el desgaste de los Gobiernos salientes, una situación de crisis económica generalizada en el continente europeo podría estar marcando una tendencia. Entre ambas elecciones en el Reino Unido ha sido elegida una Primera Ministra más radical todavía que Boris Johnson. El primer efecto está siendo la normalización del discurso radical de esta nueva derecha.

Ahora bien Italia es uno de los países más ricos del mundo, su PIB supera en un 50% al de España y es miembro del G7. Muy lejos quedan aquellas apreciaciones de Zapatero asegurando que España estaba a punto de entrar en ese selecto club de los grandes. Las consecuencias del nuevo Gobierno italiano afectarán a la UE y a todos los países europeos.

Es necesario tener en cuenta que Meloni gana después de que todos los demás partidos que han estado al frente del Gobierno hayan fracasado, tanto la izquierda como la derecha. Y luego de varios Gobiernos tecnocráticos no elegidos por las urnas. Es decir, llega al Gobierno por descarte de todos los demás.

No son previsibles grandes cambios económicos, como no lo son en ningún país desarrollado. El margen de actuación de los Gobiernos, constreñidos por los organismos internacionales y por una economía demasiado compleja como para poder ser controlada, es necesariamente menor. Las diferencias entre Gobiernos de uno y otro signo se establecen en políticas sectoriales o en programas de gasto muy definidos, pero que representan un porcentaje menor del gasto público. Italia no será una excepción, no lo permitirán ni su economía, ni Bruselas.

El cambio será, pues en otras cuestiones de coste económico bajo, pero muy rentables electoralmente, lo que se viene llamando guerras culturales. Los asuntos referidos a los valores, a la emigración o a la seguridad. También la vuelta a un mayor nacionalismo en detrimento de la Unión Europea. Tengamos en cuenta que la alineación absoluta de esta con Estados Unidos frente a Rusia está provocando un coste que no se paga al otro lado del Atlántico sino en las economías familiares y nacionales del Viejo Mundo.

Por otra parte, el nuevo Gobierno italiano será una coalición de varios partidos por lo que es probable que las desavenencias internas o la mera lucha por la hegemonía lo debiliten a medio plazo. Solo podrá llevar a cabo las políticas que sean capaces de pactar, el común denominador posible. Poco, pero suficiente para hacer mucho ruido.

Consecuencias en España

Estamos asistiendo a un debilitamiento de los partidos menores, imprescindibles para consolidar un Gobierno de cualquier signo según las encuestas. Del lado de la derecha, Vox ha visto frenado su ascenso en Madrid y en Andalucía, sin que el resultado en Castilla y León sirva de compensación. Si el PP como parece estar ocurriendo, recupera parte del voto perdido en favor de Vox, el retroceso en escaños de este último puede ser importante. Además, la escisión que representa Macarena Olona con la amenaza de un nuevo partido claramente inspirado en Giorgia Meloni, podría agravar la sangría de votos y escaños en el flanco más radical.

En el ámbito de la izquierda la progresiva disgregación en tendencias poco interesadas en el pacto, como Unidas Podemos, Más Madrid o Sumar, solo puede costar votos y escaños. La paradoja es que tanto el PP como el PSOE necesitan crecer, pero también necesitan que sus principales aliados no se hundan electoralmente, pues está descartada cualquier mayoría absoluta.

La política italiana tiene capacidad de plantear conflictos sobre temas muy sensibles con efectos electoralmente imprevisibles dada su proximidad cultural con España. El voto se va a disputar en el terreno de la economía doméstica, ahora mismo muy tensionada por la inflación y la incertidumbre. Si estas últimas no remiten antes de la primavera es probable el cambio de Gobierno. Pero si ambas variables se controlan, el resultado estará mucho más abierto. 

Autor: José Luís Méndez Romeu