La guerra de Ucrania anuncia un nuevo orden internacional
Artículo de Opinión de José Luis Méndez Romeu, analista político, ex conselleiro y ex secretario de Estado de Cooperación Territorial
La prolongación de la guerra en Ucrania está comenzando a dibujar un nuevo escenario de las relaciones internacionales. Las tres décadas de progreso que siguieron al final de la Guerra Fría, ganada claramente por las democracias occidentales, no llegaron a verse enturbiadas por la Guerra de los Balcanes ni por los varios conflictos del Cáucaso. Sin embargo la brutal invasión rusa en Ucrania, los bombardeos sistemáticos de la población civil y la voluntad de ocupar por la fuerza un país independiente, está mostrando al mundo el comienzo de una etapa diferente, quizás una nueva Guerra Fría, sin descartar que antes veamos una ampliación del conflicto actual.
Estados Unidos está intentando reafirmar su liderazgo internacional. En estos días prepara una cumbre de los países americanos tras una gira por los países aliados de Extremo Oriente. Su clara implicación en defensa del Estado ucraniano, la capacidad militar que aporta a la OTAN y las relaciones bilaterales con numerosos países, persiguen un doble objetivo: aislar a Rusia y prevenir la expansión de China. Es decir un realineamiento estratégico con consecuencias económicas muy relevantes. Por distintas razones algunos países de gran peso demográfico o político tratan de resistirse al alineamiento demandado por Norteamérica. Méjico, Brasil o Argentina están tratando de evitar aparecer como acólitos, India evita pronunciarse y otros países se encuentran ante dilemas de difícil solución por la interdependencia económica singularmente de China.
La guerra actual es real, sin eufemismos, pero a su lado la guerra económica, comercial y tecnológica está en pleno desarrollo. Se trata de recuperar o mantener la hegemonía singularmente frente a China y al tiempo aislar y debilitar al Gobierno ruso hasta que allí se produzca un cambio de gobierno o de sistema.
Cuando hace dos décadas se acuñó el acrónimo BRIC para englobar a países con similar desarrollo como eran Brasil, Rusia, India y China, nada hacía prever el rápido cambio operado en ese grupo, con el gigante chino disputando la hegemonía mundial a Estados Unidos, Rusia reducida a una potencia media aunque con un gigantesco territorio y un poder militar enorme pero no muy eficaz mientras que India no ha conseguido superar todavía los largos años de socialismo tercermundista y Brasil registra una polarización política creciente que no lastra su crecimiento.
Los países europeos del club comunitario han cerrado filas en la OTAN, recuperada y actualizada. Atrás quedan los discursos sobre la fuerza militar de la UE. El tamaño del rival ruso, con un importante parque nuclear, hace gravitar nuestra defensa sobre la OTAN en la que Estados Unidos ejerce un peso determinante. Es probable que sea necesario desplegar tropas y armas en las fronteras más vulnerables para ejercer suficiente disuasión. Y se hace necesario desplegar una política de defensa que debe ser explicada claramente para superar el actual distanciamiento de la población. Por poner un ejemplo, uno de los miembros del Gobierno español, Unidas Podemos, cuestiona el gasto militar y el envío de armas a Ucrania.
Todavía es pronto para evaluar los daños sufridos por Ucrania y las necesidades de reconstrucción a las que la UE y los países miembros deberán contribuir. En todo caso será un desembolso muy cuantioso y prolongado en el tiempo que aumentará los actuales problemas causados por el elevado número de refugiados y la crisis de suministros que ya se está produciendo y que podrá afectar muy gravemente a terceros países.
La UE ha mostrado hasta la fecha unidad y capacidad de resolución ciertamente poco habituales. Indica una clara comprensión de los problemas estratégicos por parte de todos los Gobiernos. Mantener esa unidad de acción será la mayor fortaleza y la mejor ayuda para Ucrania.