Europa como necesidad
Artículo de opinión de Lois Caeiro, director del Progreso, sobre el futuro de Europa
Un periodista gallego cubrió para La Vanguardia la firma del Tratado de Roma. El periodista de A Mezquita, que acabó como granjero en Xanceda, es el autor de lo que ya es un documento. Fernández Armesto (Augusto Assía) transmite la consciencia del momento histórico al que asiste. Mira hacia la historia de Europa y mira hacia el futuro que se puede y debe construir desde esa firma. Ya es difícil que un periodista viajado por todo el mundo, que vivió en primera línea la Segunda Guerra, vea momentos histórico por muy solemnes que sean los discursos de los políticos y aunque vayan antes a oír misa a San Juan de Letrán, cabeza y madre de todas las iglesias.
Era histórico y era necesario. Ahí están esos dieciocho discursos y una carta de Churchill (Ediciones Encuentro) que muestran, desde el otro lado del Canal que nos vuelve a distanciar, esa necesidad, que llaman a la construcción de Europa, que piden la reconciliación y el encuentro de Alemania y Francia para que Europa eche a andar y no se repitan más tragedia.
La España que entra en Europa, al fin, deja atrás los demonios que impidieron su incorporación a la modernidad de las libertades y de la prosperidad. Europa se convierte para quienes vivimos la Transición en una esperanza y una garantía de normalización democrática. De esa homologación con nuestro entorno, para dejar de ser ‘diferentes’ por las formas de una sociedad atrasada que se resistió, o le impidieron, o las dos cosas, la modernización. Aunque ahora estemos en tiempos de cambio, de nuevas realidades, el futuro de mayor profundización democrática no será real, no será seguro, sin el camino conjunto en Europa, sin que el valor del europeísmo se reafirme. Los descontroles o los excesos que trajo sin duda la globalización económica no son atribuibles, como algunos discursos apuntan, a nuestra pertenencia a Europa. Crecemos y tenemos mejor calidad de vida, en España y en Galicia, por todos los contagios positivos que supuso y supone la pertenencia a la Unión.
Un apunte final, precisamente aquí en el Eixo Atlántico, el futuro de Galicia pasa por abrirse a la realidad del norte portugués. La Galicia del futuro, si queremos futuro, no se construye con barreras. Tenemos que empezar a vernos, al norte y al sur de Miño, con normalidad como una eurorregión. Tendremos más capacidad interior y tendremos mayores fortalezas. Hay que profundizar en el conocimiento real entre Galicia y el norte portugués. Hay que abandonar por ambas partes viejos prejuicios por la vía del conocimiento, de la convivencia. Y mandar al trastero de la historia las irracionalidades de los nacionalismos que, además de todos los daños que la historia de Europa muestra, frenan el avance que en este caso solo será como Eurorregión y no con viejos provincianismos o ensoñaciones históricas.