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El “gatopardo” europeo

El “gatopardo” europeo

Artículo de opinión de Andoni Aldekoa, experto urbano, sobre el futuro de la Unión Europea

Que Europa se encontraba en una encrucijada, los sabían desde hace más de una década las autoridades de la Unión, los estados y la sociedad en general. El comportamiento político, en la mayoría de los casos, es aplazar las decisiones hasta que es irremediablemente necesario tomar una decisión. Sin duda, la decisión del Reino Unido de abandonar el proyecto común y recuperar su soberanía –el Brexit- es un momento que debería llevar a decidir el nuevo rumbo que quiere tomar la UE y sus estados. Debería ser ya ese momento de tener que tomar decisiones irremediablemente. Pero, una vez más, es muy probable que se tomen decisiones parciales sobre el proyecto Europa.

Parto del principio básico, del europeísmo convencido que practico, y que además, siento que es el sentir mayoritario de la sociedad española. Un europeísmo de vocación y de convencimiento por haber sido un elemento fundamental para la apertura y la modernización del país, así como para el camino irreversible de la democracia. Además, ser “europeos” ha supuesto un elemento emocional de orgullo de pertenencia a un “club importante” en el mundo.

Pero también, parto del principio de la insatisfacción personal por el rumbo del proyecto y por la cicatería y “calculismo” de los gobiernos y los estados, que hace que la gestión de tiempos e intereses no permita avanzar en un mayor espíritu de comunidad, y un mayor avance práctico en la unión. No entro en el estilo la gobernanza “burocrática” y  la práctica de prioridad económica en el proyecto, que tampoco me satisfacen.

Durante los dos próximos años, la salida del Reino Unido del proyecto común europeo va a ser una prueba de la complejidad de ponerse de acuerdo sobre el futuro. Habrá Brexit, pero Europa seguirá demorando sus decisiones.

Hay componentes que sin duda están marcando el momento político europeo, sin duda, el principal es el aumento del nacionalismo fruto de un mix de crisis económica, aumento de la inmigración y el terrorismo internacional que azota a las principales ciudades europeas. Un nacionalismo que se sirve del populismo político como combustible. Es cierto que el Reino Unido lleva décadas, diría que prácticamente desde su integración en Europa, que estaba haciendo “la goma” con el proyecto común, pero también es un hecho, que esos componentes han precipitado el “brexit”.    

Las autoridades de la Unión y los estados tienen dos años de negociación de la salida del Reino Unido del proyecto, y es muy probable que cada estado trabaje en el calculismo de sus propias circunstancias, más que de las consecuencias para el proyecto común. Se encuentran en un juego de alternativas y escenarios, verdaderamente complejo:

El primero de ellos es que los Estados apuesten por mantener el nivel actual de políticas de la Unión Europea asumiendo las cargas adicionales necesarias por la salida de uno de los principales países contribuyentes netos como es el Reino Unido.

Por otra parte, se puede decantar por seguir como estamos, manteniendo los países sus aportaciones individuales actuales apelando a una mayor eficiencia de las políticas europeas y su burocracia, para mantener el nivel actual de programas y proyectos. Los Estados evitarían así mayores aportaciones económicas al proyecto común.

Y vemos como se vuelve a plantear que se podría apostar por la Europa de las dos velocidades con el liderazgo de Alemania y la convivencia de Francia, Italia y España; que por otra parte, ya estamos en una Europa de dos velocidades con distintos niveles de integración fronteriza, seguridad, y monetaria.

Otra alternativa, es la devolución de soberanía, competencias y capacidad legislativa a los Estados, asumiéndose una renacionalización europea y retorno parcial en las políticas de integración.

Y finalmente, está la eterna esperanza de los verdaderamente europeístas por una mayor apuesta de los Estados por Europa, aumentando la integración y sus políticas comunes. Más Unión económica, política y social.  

Una cosa es lo que nos gustaría que sucediese a los que apostamos por la última opción, pero la realidad de los estados y la política nos lleva a anticipar un resultado bien diferente. Me inclino más a pensar que va a ser una mezcla de entre no asumir el momento como el tiempo de decisiones que transformen el proyecto, el interés de los estados por atender sus propios problemas internos, y mantener el proyecto común sin ir más allá de lo que ahora conocemos.

Es una realidad que Europa camina en dos velocidades y que el liderazgo de Alemania marca el futuro. También es anticipable que el Estado germano se encuentra a gusto en la actual situación y que se ve, por tanto, difícil que apueste por aumentar su aportación al proyecto de la Unión. Pero no responsabilicemos a Alemania, porque otros Estados, entre los que se encuentra España pasarán a ser contribuyentes netos, y es ilusorio creer que apuesten por incrementar aún más su apuesta europea con sus consecuencias económicas.

Por lo tanto, es probable que veremos un núcleo duro europeo consolidado en torno a Alemania, y que la Unión jugará a la ficción de ser lo mismo con menos.

En este panorama de menos políticas europeas, porque si hay menos capacidad económica y presupuestaria, habrá menos políticas públicas comunes -no nos engañemos- sería conveniente que el ámbito de la cooperación y la integración transfronteriza basada en el trabajo en red de las regiones y las ciudades se preserve como una política fundamental e irrenunciable.

Pueblos transfronterizos con proyectos comunes de futuro, que convivan en su economía, cultura, política y relaciones sociales es fundamental para que la llama de una mayor integración europea se mantenga, y para que haya pequeñas pero importantísimas realidades que superen los ritmos y los planteamientos de los estados. Y sería deseable la línea incipiente de acción que ha emprendido Europa de apoyo al crecimiento y transformación de las ciudades se mantenga. Europa crecerá y generará competitividad económica, si tiene ciudades competitivas y que sean el eje del crecimiento regional.

Ante los agoreros del europeísmo y de Europa, una certeza: queremos, pertenecemos  y seguimos viviendo en la región del mundo más avanzada. Su nivel de equilibrio entre lo social y económico, y su autenticidad y cultura, hacen de Europa un proyecto de futuro. Con incertidumbres, sí. Con retos, sí. Pero, sobre todo, con muchas capacidades y una trayectoria que harán que sigamos viviendo en una Europa más social y competitiva.  Si somos realmente justos con la realidad del entorno mundial, nos daremos cuenta que los escenarios son globales, igual que las dificultades y los objetivos. La sociedad civil europea será capaz de avanzar y “reinventar el futuro”.

Como diría Tancredi en el “Gatopardo”, "Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie".

 

Andoni Aldekoa es experto urbano, ex coordinador de Política económica del Ayuntamiento de Bilbao. Actualmente es el director gerente del Palacio Euskalduna.