El Futuro de Europa
Artículo de opinión de Carlos Beltrán Fernández, economista y ex responsable de los Programas de Cooperación Transfronteriza entre España y Portugal
Cuando se cumplen 60 años del Tratado de Roma, primer Tratado fundacional de la actual Unión Europea (UE) de 27 miembros, es momento de reconocer los logros alcanzados y mirar hacia el futuro próximo para definir el camino hacia el que queremos ir y resolver los problemas más importantes que tenemos en el horizonte.
La UE tiene más de 500 millones de habitantes, el 5% de la población y el 22% del PIB mundial. Es el mayor mercado del mundo, cuenta con la segunda moneda más utilizada y está a la vanguardia de la innovación. Sus ciudadanos disfrutan de una diversidad cultural, de ideas y de tradiciones únicas y su nivel medio de renta por habitante está entre los standards más elevados del mundo desarrollado.
Sin embargo la crisis económica y social iniciada en 2008 ha golpeado de forma importante a una gran parte de los ciudadanos, acentuando las desigualdades, aumentando el desempleo de larga de duración y un mayor endeudamiento público y privado de las economías de los Estados. A ello hay que añadir el creciente problema de los refugiados como consecuencia de los movimientos migratorios de países subdesarrollados o en guerra y el del terrorismo, entre otros más significativos.
En esta situación tan incierta, el aislamiento y la fragmentación podría resultar tentadora para algunos. Recientemente se ha iniciado el Brexit del Reino Unido, un proceso no exento de dificultades y consecuencias económicas y sociales nada esperanzadoras para una parte de la población.
Ahora bien, Europa tiene una economía más inclusiva, más competitiva y preparada para el futuro y debe afrontar con optimismo los principales desafíos con objetivos compartidos por todos. Algunos de ellos podrían ser:
- Reforzar el mercado único con más inversión, más infraestructuras, transporte y energía.
- Ante la mayor exigencia en tecnología y automatización que afectará a todos los sectores y empleos, una mayor inversión en I+D, educación y capacitación.
- La evolución del mundo laboral tendrá que ir acompañada del reconocimiento de nuevos derechos sociales.
- El cambio climático y sus consecuencias exigen que se afronte con decisión su realidad y conocimiento aplicándose soluciones para evitar sus consecuencias en el futuro.
- Continuar con políticas propias de la Unión, como la política regional y la política agraria común (PAC), componentes imprescindibles de una política de cohesión territorial, económica y social. A su contribución se han destinado aproximadamente 2/3 del presupuesto comunitario.
La política regional es la política de inversión principal de la UE que sustenta la solidaridad europea, concentrándose en los países y regiones menos desarrolladas, para ayudarles a reducir las diferencias económicas, sociales y territoriales que todavía existen.
Como un componente más de esta política, la Cooperación Territorial Europea ha demostrado su capacidad para reforzar las relaciones y las transferencias de conocimientos e innovación entre los Estados miembros, así como su contribución al desarrollo de los territorios transfronterizos. Propiciamos su continuación como objetivo de la política regional.
La PAC tendrá que redefinir objetivos y funciones. La creciente incertidumbre de los mercados y la caída de los precios, así como los nuevos compromisos internacionales en materia de cambio climático y desarrollo sostenible, requieren respuestas más eficaces por parte de la política común. El desarrollo rural deberá contribuir a mantener la población en el medio, como garante de prácticas agrícolas y ganaderas sostenibles y compatibles con los requerimientos señalados, así como de la gestión de los riesgos naturales.
La continuidad de la política de cohesión en el futuro es necesaria para apoyar la creación de empleo, el crecimiento económico, el desarrollo sostenible y la mejora de la renta y de la calidad de vida de los ciudadanos.
La interacción rural-urbano no ha alcanzado las cotas deseada para lograr el trasvase de relaciones económicas y sociales que ambos entornos pueden transferir. En este sentido la Agenda Urbana de la UE puede jugar un papel fundamental.
Las ciudades europeas son motores potenciales de crecimiento y de creatividad, pero a su vez se enfrentan a grandes retos como la exclusión social, la contaminación del aire y el desempleo. Por ello, tienen que ser un objetivo importante de la política regional y el compromiso de la Agenda Urbana, de implicar a las ciudades europeas en la formulación de las políticas urbanas naciones y comunitarias, convertirse en una realidad.
Recientemente la Comisión Europea presentó cinco escenarios sobre el futuro de Europa, desde “Seguir igual” hasta “Hacer mucho más conjuntamente”. Apostamos por este último, la UE tiene que ser ambiciosa y trabajar unida porque Europa siempre ha sido el futuro.