El buhonero de los mundos
Artículo de Tamara Guirao, Secretaria General de la Conferencia de las Ciudades del Arco Atlántico
Xavier Gizard, primer Secretario General de la CCAA, llamaba al Atlántico el “colporteur des mondes“ (el buhonero de los mundos). En esta metáfora se esconden muchas preguntas. ¿Dónde empieza y dónde termina el Arco Atlántico? ¿Cuáles son sus fronteras? ¿Podemos ponerle límites a un océano?
Los documentos fundadores de la Conferencia de las Ciudades del Arco Atlántico (la CCAA) hacen hincapié en la necesidad de asegurar “la apertura internacional y la cooperación entre ciudades, a través del desarrollo de relaciones con las ciudades del Arco Atlántico africano, de las Américas y de la cuenca mediterránea”. Esos mismos documentos definen a los posibles miembros como ciudades “localizadas en el Arco Atlántico o interesadas por su dinámica”. No existe entonces una noción de frontera, sino de flujo y de espacio.
Creada en 2000, esta red gira en torno a dos ejes básicos. El primero es la defensa del espacio atlántico como una zona de desarrollo fundamental en la construcción europea. El segundo es el apoyo a un mayor protagonismo de las ciudades en la toma de decisión comunitaria, nacional y regional. Aunque aún queda camino por recorrer, esta misión ha encontrado eco en las nuevas iniciativas de la UE, como la aprobación de la Estrategia Marítima Atlántica o el desarrollo de la Agenda Urbana.
Realizados entre 2014 y 2016, los estudios del proyecto ATBRAND también revelan la necesidad de identificar la identidad atlántica con su proyección en el mundo; sin limitarlo a las regiones costeras europeas. La “marca atlántica” no se limita al Viejo Continente, sino que fluye de Norte a Sur y de Este a Oeste; igual que el océano que le da vida.
Así, hoy ha llegado el momento de que las ciudades atlánticas asuman plenamente su rol global y no solamente continental. Estas ciudades son mundiales por naturaleza y pueden abrir caminos, ya que están situadas en el centro del planeta (y no en la periferia de Europa, como algunos miopes insisten en señalar.) En este sentido, este foro urbano atlántico (la CCAA), está diseñando una propuesta que será presentada en su próxima Asamblea General.
El punto de inicio estará dirigido a analizar el peso real de las ciudades atlánticas a escala mundial. Igualmente, la red identificará los proyectos de cooperación en curso o en proyección. Hermanamientos como el de Viana do Castelo con Cacheu o las cooperaciones de Brest Métropole con Veracruz, demuestran que nuestras ciudades juegan un rol definitivo en los equilibrios entre continentes.
Esta estrategia, que nacerá justo después de la Conferencia Habitat de Quito en Octubre, también pasa por identificar los fondos europeos y/o internacionales que pudiesen servir a intensificar estos vínculos. El primer objetivo será trabajar con EuropeAid, pero la ayuda al desarrollo de los países, regiones y otras organizaciones internacionales también puede contribuir a reforzar los lazos transatlánticos. Para ello, se podrían proponer estrategias de co-desarrollo, donde las comunidades de ambas riberas colaborasen en proyectos concretos.
Por último, la CCAA ha pensado en dos iniciativas que conducirán a aumentar la visibilidad de las ciudades atlánticas y de sus lazos transoceánicos. Una es potenciar el concurso “Ciudad Atlántica del Año,” de manera a que las ciudades de las otras orillas envíen sus candidaturas a la edición siguiente (2017 para ser elegidas en 2018). La otra es crear un foro global de ciudades atlánticas, un encuentro a celebrar cada dos años, de manera alternativa en una de las dos orillas, en una de las ciudades participantes en este mapeo urbano del Océano Atlántico.
El buhonero de los mundos sigue recorriendo su camino.