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Discursos vacíos

Discursos vacíos

Artículo de opinión de Abel Veiga, profesor de Derecho Mercantil de la Universidad Pontificia de Madrid

No se preocupen. Nadie hablará de las pensiones, ni de su viabilidad a medio plazo. Tampoco nos hablarán de educación, esa educación de altísima calidad y que bate todos los rankings mundiales y que nos sitúan como potencia y referencia. Tampoco de la enorme ciánaga que supone el desempleo juvenil, o qué decir del que afecta a mayores de cincuenta años. Tampoco de sanidad. Menos de unos recortes que han cambiado la radiografía radicalmente en este último decenio. ¿A quién le importan estos temas podrán preguntarse todos ustedes?
Todo ha cambiado. Hace cuatro años se llenaban la boca algunos políticos, no líderes, no los hay en el paisanaje político, de un término hoy denostado, la regeneración. Ya hemos visto en que consiste este término. En buscar los descartes de otros partidos, con independencia de filias, fobias y reputaciones.
España se conduce a una funesta y ficticia dualidad, extremaderecha frente a extremaizquierda e separatismo. Ese es el epicentro del vocabulario al que nos quieren llevar los protagonistas de esta gran opereta ficticia. No da para más el reparto. No se engañen. El nivel intelectual es mediocre. La coreografía de confusión y maquillaje adereza el pastel. Así de simple. Probablemente esta sea la campaña más burda y simplista de las últimas décadas. Y también la que menos entusiasmo despierta en la ciudadanía.
Si el electorado empuja un resultado hacia dos bloques antagónicos e ingobernables estamos condenados a una nueva cita electoral. Desde 2015 ha sucedido y los resultados son los que son. Y que todos estamos viendo. No hay altura ni cintura. No la pidan. La clase política actual no está por la labor. Lo que menos importa es construir y un proyecto de país donde cambien muchas cosas y rompamos viejas inercias. Los que se llenan la boca con aquello de erradicar privilegios y componendas mienten. Y lo que apelan a la España social hacen lo mismo. Nadie está por la labor de cambiar un status quo. Y los que juegan al populismo barato y al anatema del separatismo saben que, tarde o temprano, tendrán que sentarse a dialogar. Sea el socialismo, sea la derecha, esa que ahora presenta un rostro trifásico, se sentarán para mitigar que no erradicar la enorme breca social y política que existe hoy entre Cataluña y el resto del estado. Solo es cuestión de tiempo. Lo verán todos ustedes. El resto es engaño y dejarnos engañar. Los que hoy se rasgan las vestiduras aclamarán sus gestos y su verbo. Ya lo hicieron antes.
Seguiremos asistiendo a discursos sumamente vacíos, superficiales. Los políticos todavía creen, no todos, que necesitamos una tutela perenne cual si fuéramos o menores de edad, o simplemente tontos. Elija usted donde quiera estar y elija profesionalidad, rigor y responsabilidad a la clase política que debe rehabilitar una imagen denostada. Se han hecho muchas cosas mal con total asertividad pero también pasividad de una ciudadanía que ha preferido siempre mirar hacia otro lado mientras la costra y la hojarasca lo han devorado todo.
Solo si hay una ciudadanía exigente, activa, crítica, tendremos políticos mejores y si éstos lo son, la sociedad en sí y por sí, también avanzará y se limpiará esa costra. Ese es el objetivo. Lo malo que algunos aún creen que la política es trinchera, es cainismo, es confrontación visceral y es improvisación. Y muchos improvisan demasiado porque se lo permitimos.

Discursos vacíos
Abel Veiga

No se preocupen. Nadie hablará de las pensiones, ni de su viabilidad a medio plazo. Tampoco nos hablarán de educación, esa educación de altísima calidad y que bate todos los rankings mundiales y que nos sitúan como potencia y referencia. Tampoco de la enorme ciánaga que supone el desempleo juvenil, o qué decir del que afecta a mayores de cincuenta años. Tampoco de sanidad. Menos de unos recortes que han cambiado la radiografía radicalmente en este último decenio. ¿A quién le importan estos temas podrán preguntarse todos ustedes?
Todo ha cambiado. Hace cuatro años se llenaban la boca algunos políticos, no líderes, no los hay en el paisanaje político, de un término hoy denostado, la regeneración. Ya hemos visto en que consiste este término. En buscar los descartes de otros partidos, con independencia de filias, fobias y reputaciones.
España se conduce a una funesta y ficticia dualidad, extremaderecha frente a extremaizquierda e separatismo. Ese es el epicentro del vocabulario al que nos quieren llevar los protagonistas de esta gran opereta ficticia. No da para más el reparto. No se engañen. El nivel intelectual es mediocre. La coreografía de confusión y maquillaje adereza el pastel. Así de simple. Probablemente esta sea la campaña más burda y simplista de las últimas décadas. Y también la que menos entusiasmo despierta en la ciudadanía.
Si el electorado empuja un resultado hacia dos bloques antagónicos e ingobernables estamos condenados a una nueva cita electoral. Desde 2015 ha sucedido y los resultados son los que son. Y que todos estamos viendo. No hay altura ni cintura. No la pidan. La clase política actual no está por la labor. Lo que menos importa es construir y un proyecto de país donde cambien muchas cosas y rompamos viejas inercias. Los que se llenan la boca con aquello de erradicar privilegios y componendas mienten. Y lo que apelan a la España social hacen lo mismo. Nadie está por la labor de cambiar un status quo. Y los que juegan al populismo barato y al anatema del separatismo saben que, tarde o temprano, tendrán que sentarse a dialogar. Sea el socialismo, sea la derecha, esa que ahora presenta un rostro trifásico, se sentarán para mitigar que no erradicar la enorme breca social y política que existe hoy entre Cataluña y el resto del estado. Solo es cuestión de tiempo. Lo verán todos ustedes. El resto es engaño y dejarnos engañar. Los que hoy se rasgan las vestiduras aclamarán sus gestos y su verbo. Ya lo hicieron antes.
Seguiremos asistiendo a discursos sumamente vacíos, superficiales. Los políticos todavía creen, no todos, que necesitamos una tutela perenne cual si fuéramos o menores de edad, o simplemente tontos. Elija usted donde quiera estar y elija profesionalidad, rigor y responsabilidad a la clase política que debe rehabilitar una imagen denostada. Se han hecho muchas cosas mal con total asertividad pero también pasividad de una ciudadanía que ha preferido siempre mirar hacia otro lado mientras la costra y la hojarasca lo han devorado todo.
Solo si hay una ciudadanía exigente, activa, crítica, tendremos políticos mejores y si éstos lo son, la sociedad en sí y por sí, también avanzará y se limpiará esa costra. Ese es el objetivo. Lo malo que algunos aún creen que la política es trinchera, es cainismo, es confrontación visceral y es improvisación. Y muchos improvisan demasiado porque se lo permitimos.