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2019: Turbulencias políticas y económicas

2019: Turbulencias políticas y económicas

Artículo de opinión de Abel Veiga, profesor de Derecho Mercantil de la Universidad Pontificia de Madrid

2019 parece, al menos así es a primera vista, que no dejará a nadie indiferente.  No hay debate. Pero sí mucha polarización. Y esa polarización llevará a la volatilidad en lo político y a mucha incertidumbre en lo económico. El vaivén político no solo es en España, lo es también en Europa, con o sin Brexit, en América Latina, que de nuevo bascula hacia el populismo de izquierda pero también sorpresivamente de derechas y el espectáculo o esperpento que el cuadragésimosexto presidente norteamericano ofrece a diario catapultando con ello la agenda hacia donde le conviene e interesa.

En España la turbulencia se apuesta a un todo o nada el domingo 26 de mayo donde ahora mismo no se sabe si serán tres citas electorales o cuatro con la recompensa mayor de La Moncloa. En el entreacto previo el juicio al procès aunque la sentencia será para el otoño. Los partidos se tienen muchas ganas, pero no por ello pueden esconder la enorme mediocridad que atesoran. La verdadera batalla no se librará en las elecciones europeas, sino en los ayuntamientos. Con varias joyas de la corona en juego y que será la conquista del todo o nada para algún partido. La irrupción de Vox a buena fe que dará espectáculo, porque el bochorno del insulto y el despropósito es tan contumaz como el estercolero de ideas sin debate. Para qué pensar, quizás es mucho pedir para una clase política que siempre ha tratado con desdén y disimulado desprecio a la ciudadanía.

El punto débil de las municipales vendrá por el juicio tras cuatro años a las alcaldías que han ocupado los adláteres y marcas propias o prestadas en torno a Podemos. Valencia, Madrid, Zaragoza, Barcelona, Cádiz, Coruña, Santiago y Ferrol excrutarán sin dudalo hecho o dejado de hacer por sus corporaciones locales y alcaldes a la cabeza. Veremos también si Ciudadanos es capaz de ganar alguna alcaldía y qué son capaces de recuperar populares y socialistas. En algunos sitios Vox decantará la balanza, pero lo que nadie sabe es el precio de esos apoyos. Ni el coste de la fragmentación de la derecha que se ha despertado, los populares, de su solariega siesta durante casi cuarenta años de soledad querida y aplaudida.

En trece comunidades autónomas, el mapeo o consolidará o cambiará el color político, pero se acabaron las mayorías absolutas en todo el territorio. La última y única de momento Galicia. Donde el relieve y tirón personal de su presidente es la clave. Ellos o saben, pero hasta el año próximo no hay cita electoral en el noroeste.

La gran incertidumbre, sin duda, es si Pedro Sánchez adelantará a mayo o no las elecciones legislativas o esperará a finales de otoño. Hacerlo antes es la consumación de un fracaso total y de no llegar siquiera al año de gobierno convirtiéndose tras el gobierno de Calvo Sotelo en el más efímero. Perder Andalucía aun habiendo ganado las elecciones es un durísimo revés para el socialismo. Jugar a que en tres meses cambien las tornas y las percepciones en torno al presidente es no querer ver la realidad sobre todo con un partido popular echado al monte en boca de su presidente y a la desesperada que no concederá ni agua y un Albert Rivera que lleva siete meses totalmente descolocado y que se veía ya, sin haber hecho nada, como inquilino inhóspito de la Moncloa. Resisitir y aguantar el temporal y luchar voto a voto es lo único que le queda a Sánchez, no al sanchismo, que no existe.

Y ahí radican las grandes turbulencias políticas y, de paso económicas. Los nacionalistas saben que todo va a ir a peor. Pero no tuercen el paso. Tienen al gobierno bebiendo de su mano y, salvo un suicidio colectivo, políticamente hablando, acabarán transando los Presupuestos.

Quid con lo económico? No se crecerá lo que se barruntaba. Hay signos de agotamiento. De ciertas desaceleraciones. Pero no empeoraremos. Mal que pese a algunos. El Brexit también será visto como una oportunidad para los empresarios españoles. El precio del petróleo está en caída libre. Las exportaciones se ralentizan en tanto no se aclare también la guerra comercial entre Estados Unidos y China. Los mercados arrastran de nuevo, malos resultados en las bolsas. Retroceden. Pero sin duda quién peor lo está pasando son el comercio y los autónomos. Sobre el pequeño comercio en las ciudades y pueblos pende una espada de Damocles que les ahoga. Las grandes superficies comerciales, las grandes cadenas, los descuentos pero sobre todo la permisividad legal y erróneamente aprobada por el anterior gobierno de poner las rebajas cuando plaza han hundido el comercio. Éste no puede competir que los centros comerciales ni las grandes cadenas que fabrican en terceros países todo lo que venden, amén del hábito cada vez más creciente de comprar por internet y a través de grandes operadoras logísticas que van más allá de la mera logística. Esta es la tragedia para los cascos históricos de no pocas ciudadades que acaban convirtiéndose en otro tipo de parques temáticos, pero sin alma.

Y si lo turbulento es la gran incertidumbre que depara este año, a nivel internacional todo se multiplica. Nunca como hasta ahora la Unión Europea ha vivido su crisis de identidad y también de legitimidad. No es actor. No cuenta, no hay liderazgo y es percibido cada vez con mayor distancia por los propios europeos. Oriente Medio se consume en su propia hoguera de odios y guerras, y donde Siria, tras ocho años de devastación ha quedado en manos del dictador. Las primaveras árabes han sido aplastadas en su integridad. América se pliega sobre sí misma y los discursos populistas prenden la llama a lo largo de todo el continente. Asia es hegemónica de China. Que ha puesto sus ojos en el mundo y, especialmente en el continente africano. El camino hacia su hegemonía está expedito. Dicen que solo hay diecinueve democracias en el mundo. A nadie importa este dato. Ni siquiera cuáles son o no son. Todo es, simplemente, turbulencia.