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Unión Europea, proyecto permanente

Unión Europea, proyecto permanente

Artículo de Opinión de Manuel Pérez Álvarez, ex eurodiputado y ex alcalde de Vigo

Europa no se hará de una sola vez ni en una obra de conjunto; se hará gracias a realizaciones concretas que creen en primer lugar una solidaridad de hecho”, Robert Schumann, 9 de mayo de 1950. Así  se ha venido construyendo Europa y así seguirá haciéndose  en el futuro.

En el manifiesto de Ventotene “Por una Europa libre y unida”, Altiero Spinelli y Ernesto Rossi, presos políticos deportados en la isla por un régimen fascista,  describían un lugar en el que  aliados y enemigos se reunirían para asegurarse de que nunca se repitiesen los “antiguos absurdos” de Europa. Apostaban por un futuro pacífico y compartido en un largo camino de integración europea. Y de hecho, el pasado de guerras y de batallas y trincheras, dio paso a una paz duradera de ya siete décadas, y a una Unión Europea ampliada a quinientos millones de ciudadanos que viven en libertad; Unión Europea,  imagen de paz y de estabilidad, escasamente lejana en el tiempo, de las batallas y trincheras de Verdún, del continente separado por el Telón de Acero y  por el Muro de Berlín.

Unión Europea  en que se respetan los derechos humanos, en que priman la dignidad, la paz y la libertad, aunque no siempre igualmente  percibidas. La Unión Europea, espacio  que los ciudadanos pueden disfrutar desde la pluralidad cultural  y la diversidad de ideas y tradiciones distintas, con vínculos entre ellos que les posibilitan viajar, estudiar, trabajar y vivir más allá de las fronteras nacionales; un espacio con una extensión de cuatro millones de kilómetros cuadrados, en que se habla de igualdad pero, sobre todo, se lucha por ella cada día. Porque Europa no se hizo ni se está haciendo en un solo momento de una sola vez ni en una obra de conjunto.

En ese camino constructivo Maastricht, Ámsterdam, Niza y Lisboa han reformado y transformado profundamente la Unión. La cuestión es ¿qué futuro queremos los europeos para la Unión en 2017?

El papel de Europa como fuerza mundial es hoy en día más importante que nunca pero, es obligado reconocerlo,  el rol de Europa se está debilitando a medida que crecen otras partes del mundo. En 1900 Europa era el 25% de la población mundial, y en 2060 representará menos del 5%. Y ningún Estado miembro tendrá más del 1% de la población mundial.

El papel económico también disminuirá: del 22% del actual PIB mundial bajará al 20% en el año 2030. La crisis económica y financiera mundial que comenzó en el 2008 sacudió los cimientos de la Unión Europea. Hoy la UE vuelve a disfrutar de una situación más estable, con una caída del desempleo al nivel más bajo de la recesión,  aunque los efectos de la recuperación siguen estando distribuidos de forma desigual entre las distintas regiones y en la sociedad europea.

En otro orden de cosas, ya se sabe que no cabe hablar de compartimentos estancos, la acumulación de tropas en nuestras fronteras orientales, las guerras y el terrorismo en el Oriente Medio y África y el aumento de la militarización en todo el mundo muestran un contexto mundial cada vez más tenso. Por eso es preciso reflexionar sobre el modo de conjurar las amenazas y ofrecer respuestas y protección.

El Libro Blanco sobre el futuro de Europa  describe cinco escenarios para la Europa del 2025, en función de las decisiones que ahora se tomen conjuntamente. Y este adverbio se escribe voluntariamente en negrita: el punto de partida para cada uno de los escenarios posibles pasa porque los 27 Estados miembros avancen juntos como Unión Europea.

A partir de  un “avance juntos” caben cinco opciones:  seguir igual, cumpliendo el programa de reformas políticas;  o limitarse solo al mercado único, volviendo la UE a centrarse gradualmente en el mercado único; o  que los que  desean hacer más, hagan más permitiendo a los Estados miembros que lo deseen una mayor colaboración en ámbitos específicos;  o hacer menos pero de forma más eficiente, centrándose la UE en aumentar y acelerar los logros en determinados ámbitos interviniendo menos en los demás; y, en último lugar, hacer mucho más conjuntamente, escenario en que la UE decide hacer mucho más conjuntamente en todos los ámbitos. A un europeísta convencido  algunas de las cinco opciones le merecen escasa consideración, porque Europa necesita no pararse,  seguir haciéndose.

De los 25 países considerados como los más pacíficos del mundo, quince son de la UE, pero los recientes atentados terroristas han conmocionado nuestras sociedades; hay un cambio en la  gente en su forma de pensar en lo tocante a seguridad y fronteras,  paradójicamente en el tiempo en que es más fácil desplazarse por el mundo por razón de trabajo o de ocio.

Los cambios van acompañados de una lógica sensación de inseguridad, y también de una desafección  por la política  en el escenario de una Europa distante, que interfiere demasiado. No obstante sería un error mayúsculo la idea de un UE como fracaso y frustración. En un tejer y destejer,  de crisis y de progresos, la UE nos ha permitido vivir el más largo espacio de paz, libertad y seguridad; y los europeos lo sabemos y somos conscientes de ello. Tanto los resultados electorales de Holanda o de Francia, como las presidenciales de Austria lo aseveran; mientras que las encuestas en Alemania aventuran que el partido antieuropeista no superará el 10% de los votos. Como las tan recientes del Reino Unido, que permiten valorar la impronta del Brexit que la UE les deja y que la UE avance sin el entorpecimiento  “made  in England”.

En el informe aprobado por el Parlamento Europeo el 16 de febrero de 2017  se precisan algunos ajustes necesarios, que es necesario introducir en la UE: Configuración institucional de la Unión, concentración de poder ejecutivo en la Comisión, ministro de Hacienda, Tesoro Europeo, nueva orientación al mecanismo europeo de Estabilidad, avance en la unión bancaria y del mercado de capitales, de la energía, reformas de la zona euro, lucha contra el fraude fiscal.

Sosa Wagner definió el informe como “prontuario exhaustivo  de los problemas de la UE y descripción precisa de las fórmulas concretas para solucionarlo”. Con él, creo que los problemas son espesos; y que en el hacerse permanente de la UE a veces se avanza y a veces se retrocede…para coger nuevas fuerzas.

Las circunstancias externas a la UE  representan también una oportunidad  de avanzar,  para exigir nuevas políticas y nuevos métodos: voz única,  en materia de seguridad y defensa o exteriores; Trump o el Brexit, consumado,  representarán una exigencia y una oportunidad para una mayor cohesión de la Unión Europea, una Unión honesta y democrática,  integrada, próxima y con el afecto de los europeos.

Que haya por delante retos  pendientes, mal planteados y, en su caso,  mal resueltos, debería ser un acicate del cambio, y no motivo de desafección, de desinterés o de enmienda a la totalidad del proyecto, movido por las inquietudes de los ciudadanos europeos y necesitado de su confianza.

En un permanente hacerse, porque Europa hizo así y  así sigue siendo  su futuro.