Son momentos de reclusión, pero no de quedarse parados
Artículo de opinión de Lara Méndez, alcaldesa de Lugo, sobre la crisis del coronavirus
Cuando termine el largo confinamiento al que nos vemos sometidos más de mil millones de personas en el mundo para evitar la propagación del contagio del coronavirus, comenzará un proceso en que los ciudadanos daremos pasos para reajustarnos a una nueva realidad, y digo nueva porque nuestras vidas ya habrán cambiado, desde la parte más íntima y emocional a la más social.
Esta dura pandemia global nos pone a prueba a cada uno de nosotros, a nuestra capacidad de resiliencia individual y colectiva y a nuestra capacidad organizativa como sociedad, pero también en el ámbito político y económico. Y lo seguirá haciendo en los próximos mesesporque la forma de salir de esta crisis, más fuertes o debilitados en función de las respuestas que adoptemos, será una labor de reconstrucción de todos, administraciones y diferentes grupos y sectores sociales.
Pero si algo está poniendo de manifiesto esta situación es nuestra fortaleza para adaptarnos a cambios tan radicales en nuestro día a día, y, estos, curiosamente, nos han ayudado a reencontrarnos con los nuestros, con nuestros vecinos, con nuestros barrios, y curiosamente nos acercamos a ellos desde el encierro físico, desde nuestras ventanas, desde nuestros balcones, desde la hermandad y confraternidad que nace de compartir miedos y angustias, pero también esperanza.
Ahora recurrimos a las nuevas tecnologías, no para aislarnos, si no para conectarnos y sentirnos cerca, y aunque no nos tocamos con las manos, sí lo hacemos con cada una de nuestras pequeñas acciones solidariascomo es cruzar el umbral de nuestro hogar para aplaudir el valor de quién nos cuida, y lo hace desde un sistema sanitario que, y hay que decirlo claramente, no hemos sabido proteger lo suficiente.
Podemos estar ante una nueva crisis histórica y global, que provoca ya dolor y grandes dificultades financieras a muchos, y grandes cambios en la vida diaria de todos nosotros, y aunque la recesión que se intuye no responde a las mismas causas que a las del 2009, sí nos debe obligar a realizar un ejercicio de planificación para que los resultados no sean los mismos, es decir,ciudadanos más pobres, más desiguales, más precarios y menos protegidos socialmente.
Ante esta situación, mientras aún luchamos por la salud y la vida de nuestros vecinos y vecinas, los concellos, las administraciones más cercanas, tampoco debemos perder ni un solo minuto para actuar como los motores que permitan activar social y económicamente nuestros municipios. Debemos anticiparnos y prever los cambios que se avecinan yprepararnos en una acción conjunta de ciudad para afrontar los nuevos desafíosy evitar la pérdida de cohesión social y de competitividad.
La proximidad relacional de los gobiernos municipales con nuestra gente debe ser la clave para potenciar nuestro papel, tanto en la gestión de los servicios públicos como en el de articulador de una respuesta más amplia y de mayor impacto ciudadano. Es de nuevo, ahora, cuando entran en juego no solo nuestras competencias como administración, sino nuestras incumbencias como gobierno local, es decir, actuando en todo aquello que nos preocupa ampliamente y que será básico en nuestra capacidad para ofrecer soluciones.
Para dar una contestación a estas incumbencias, tan importante para el ejecutivo local es actuar con recursos propios como desarrollar redes y compromisos cívicos con la ciudadanía, priorizar estrategias compartidas y asumir la defensa de sus demandas antes otras administraciones competentes.
Por eso, estos son momentos de reclusión, pero no de quedarse parados, si no de fortalecer la capacidad de organizaciónde la ciudad, activando al máximo a los distintos sectores que la conforman para que asumamos colectivamente los desafíos que se presentan para convertirlos en oportunidades para mejorar la calidad de vida.
El mejor ejemplo de actores de la ciudad nos lo ofrecen cada día los cientos de valientes anónimos que asumen su papel de prestadores de servicios ejerciendo una labor que excede, en muchos casos, su responsabilidad profesional. El personal sanitario y no sanitario de los hospitales que trabajan hasta la extenuación, los dependientes de los establecimientos que se mantiene abiertos para que podamos tener a nuestra disposición los servicios esenciales, las fuerzas de seguridad que velan por ella, e incluso nuestros mayores y nuestros niños, que son un ejemplo de resistencia en nuestros hogares.
Todos y cada uno de los ciudadanos debemos crear una red de interdependencias para, comohacen estos héroes diarios, mejorar el presente y, sobre todo, ganar el futuro.
En ello debemos poner ahora todo nuestro empeño.