Quo Vadis Europa
Artículo de opinión de Fernando González Laxe, sobre el futuro de la Unión Europea
Aunque representa una proporción cada vez menor de la población mundial (25% en 1900; y 6% en 2015), Europa sigue siendo muy atractiva tanto para sus socios como para el resto del planeta (es el mayor mercado único del mundo y con la segunda moneda más utilizada). A pesar de los vaivenes de su diplomacia y de sus interrogantes sobre su futuro, Europa concentra el 22% del PIB mundial y proyecta estabilidad y seguridad a lo largo de sus fronteras.
Sin embargo, el actual estatus europeo se debilita por momentos, debido a su debate interno y a la acumulación de problemas derivados de no saber encauzar y reaccionar ante algunos de dichos interrogantes. Así las cosas, la Comisión Europa acaba de hacer público los cinco escenarios posibles para los próximos años. Dichos escenarios son los siguientes: a) seguir igual que hasta el momento; b) promocionar solo, y concentrarse exclusivamente, en el mercado único; c)) adoptar la geometría variable, con varias escalas de funcionamiento y competencias; d) hacer menos, pero de forma más eficiente; y e) hacer mucho más, y de manera conjunta. De estos análisis se podría desprender la dificultad de articular proposiciones conjuntas de cara a la definición de los nuevos objetivos, sobre la determinación de los procesos de toma de decisiones, y sobre el nuevo rol de la Comisión y el Parlamento Europeo en lo que respecta a la evaluación y niveles de cumplimiento de las acciones llevadas a cabo. En suma, después de la inteligente propuesta de Jacques Delors, enunciada en el siglo pasado, Europa ha estado anclada en los debates sobre la soberanía, el gubernamentalismo y el federalismo, sin llegar a decantarse por un único sistema.
Ante estas incertidumbres, los planteamientos actuales nos obligan a centrarnos en dos temas de gran envergadura. El primero, hace referencia a como abordar la salida del Reino Unido de la Unión Europea; y el segundo, radica en como afrontar el denominado Plan Juncker, o los retos de la cohesión territorial junto a los desafíos socio-económicos y tecnológicos.
En lo que respecta al primero de los temas planteados, el pilotaje político referido a la negociación con el Reino Unido abre muchas dudas y nuevos posibles escenarios sobre los modelos a escoger. Los escenarios abiertos van desde apostar por la inclusión del Reino Unido en el Espacio Económico Europeo (tipo Noruega) o por un acuerdo bilateral (tipo Suiza). También se abren otras perspectivas, como suscribir una Unión Aduanera (tipo Turquía), un acuerdo de Libre Comercio (tipo Canadá) o un Acuerdo de adhesión a la Organización Mundial del Comercio/OMC (tipo China). Sin duda alguna, el modelo económico más integrado y que tendría las menores consecuencias económicas es el correspondiente al Espacio Económico, aunque no es el favorito de la ciudadanía inglesa, ya que no pone en cuestión la libre circulación de las personas e implica una participación en el presupuesto de la UE, sin poseer la posibilidad de intervenir. El modelo tipo Suiza responde a un acuerdo bilateral negociado, en el que se podrían mantener los grandes principios de libre circulación de los capitales y bienes, pero admitiendo una restricción en materia de circulación de personas. Ello supondrá que el Reino Unido abandone el mercado común, siendo el periodo de negociación muy largo y abierto a muchas posibilidades intermedias a lo largo de los próximos años.
Respecto a los otros modelos tendríamos lo siguiente. El de la Unión Aduanera supondría restringir la libre circulación de trabajadores y prohibir la circulación de capitales. Tendría consecuencias muy limitativas para el Reino Unido y, sobre todo, para la City. El establecimiento de un Acuerdo de Libre Comercio restringiría no solamente la circulación de bienes y servicios, instaurando derechos de aduanas para ciertos bienes, sino que no habría participación del Reino Unido en el mercado único, ni en lo concerniente a la circulación de capitales. La posibilidad de una simple pertenencia a la OMC supondría para el Reino Unido una total soberanía; pero, en contrapartida, los derechos de aduana se aplicarían en la casi totalidad de los bienes y servicios, teniendo un impacto económico muy fuerte en la economía de las islas.Aunque la posición de la UE es firme, por el momento, habrá que pensar en analizar las distintas opciones derivadas de un Soft Brexit (consecuencias limitadas) y las de un Hard Brexit (cambios mayores en la Unión Europea).
El segundo desafío es la formulación del Plan Juncker sobre las regiones y áreas periféricas. Los planteamientos del diseño de las Redes de Transportes Europeas ponen en cuestión los niveles de conectividad y accesibilidad de las regiones atlánticas. Las hipótesis incluidas en los cuadernos de la cohesión territorial no contribuyen a reducir las disparidades territoriales, al no garantizar mecanismos de nivelación y contribución para paliar las desigualdades. Y, finalmente, los nuevos desafíos vinculados con los desarrollos tecnológicos y la digitalización ponen a prueba las nueva dependencia de las regiones periféricas y atlánticas frentes a las regiones centrales y motores del crecimiento económico europeo.
Estamos, pues en la hora de nuevos planteamientos y retos. Y los debemos plasmar de inmediato y con participación inclusiva, so pena de caer en una nueva fase de atraso y marginación. Como siempre, la respuesta es de todos, para todos y con todos.
Fernando González Laxe.
Catedrático de Economía Aplicada.Universidade da Coruña
Ex presidente da Xunta de Galicia