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El debate sobre “El futuro de Europa”

El debate sobre “El futuro de Europa”

Artículo de opinión de Eneko Landaburu, ex director general de Política Regional de la Comisión Europea, sobre el futuro de Europa

Desde el inicio de este año, las instituciones europeas se han lanzado, una vez más, en un debate sobre el futuro de Europa.

Este ejercicio ha sido en gran parte provocado por el impacto del brexit, por encima de la acumulación persistente de varias crisis – financiera, económica y social – pero también política, que han sacudido nuestra Unión Europea. La subida subsecuente del euroesceptismo en muchos estados miembros condujo al presidente Jean-Claude Juncker a hablar de una “crisis existencial” de la construcción europea.

  • El calendario del debate

               El calendario global que se va dibujando es el siguiente: Todos los materiales de este debate fueron reunidos para finales de 2017. El año 2018 será dedicado a discusiones entre instituciones europeas y gobiernos sobre las reformas posibles con participación de las opiniones públicas. La síntesis de esta movilización se concretará por parte de la Comisión Europea en el otoño 2018 con el discurso sobre el Estado de la Unión por Jean-Claude Juncker. Por su parte, el Consejo Europeo se pronunciará en diciembre 2018. El objetivo sería disponer de propuestas precisas a principios de 2019, a tiempo útil para las elecciones europeas de Mayo y nombramiento de la nueva Comisión en septiembre.

  • Los preparativos institucionales

               Las tres instituciones participan en el ejercicio de forma propia.

               El Parlamento Europeo adoptó en febrero 2017 una serie de resoluciones sobre, en particular, las reformas institucionales necesarias tanto en el ámbito del tratado de Lisboa como fuera de él. El Parlamento presentó también un plan preciso de consolidación de la Unión Económica Europea.

               La Comisión Europea publicó por su parte en mayo de este año su “Libro blanco sobre el futuro de Europa”, seguidos de 5 documentos sobre las cuestiones sociales, la globalización, la UEM, la Defensa y las finanzas de la UE, temas todos trascendentales para la Unión.

               El Consejo Europeo (sin el Reino Unido) adopto también en mayo la “Declaración de Roma” que presenta los principales objetivos que debería alcanzar la Unión en los 10 próximos años.

  • Un contexto más bien favorable para un debate más pragmático que estratégico

               Todo este ejercicio puede dar la impresión de ser la repetición de muchos otros que en el pasado fracasaron. La verdad es que podría estar facilitado por una ola de opinión mas euro-optimista que viene dibujándose desde esta primavera con las elecciones legislativas en Holanda y presidenciales en Francia.

               La agresividad rusa en su política exterior, la imprevisilidad del presidente D. Trump, los peligros del terrorismo internacional como la de la inmigración masiva, y las incertidumbres para los británicos con el brexit, han provocado una toma de conciencia de una parte de la ciudadanía europea de la necesidad de preservar y mejorar la UE ante un mundo tan peligroso e incierto.

               Dicho esto no se puede esperar que el debate iniciado desemboque en una reforma profunda de la UE, dadas las contradicciones internas entre los socios y las voces populistas y nacionalistas numerosas. Lo más probable es que tengamos un posicionamiento mayoritario que sea el del pragmatismo en base a las propuestas de la Comisión, con avances sectoriales en particular en los campos de la Unión Económica y Monetaria y la Defensa.

  • Papel de las Regiones

               En este contexto es primordial que las Regiones de los estados miembros estén presentes para movilizar a la ciudadanía, influenciar en los debates y pesar en las decisiones.

               Sabemos con certeza que el buen futuro de la UE depende en parte de la mejora de su funcionamiento democrático. El papel más activo de las Regiones en el proceso de integración europea es decisivo para paliar el actual déficit democrático y acercarse al ciudadano escéptico ante sus representantes nacionales e instituciones europeas.

               ¿Por qué no pensar en una propuesta común de reforma de la Unión por parte de Portugal y España, integrando en los debates previos a todas las regiones de los dos países  y que se presentaría antes de final de año como contribución al debate general? Es hora que la Península Ibérica tenga mas protagonismo y sea mas activa en el proceso de integración europea y tenga el protagonismo que le corresponde.